Mirar hacia dentro de nosotros, es decir, hacer una autoevaluación personal es algo que nos viene bien de vez en cuando. Esto es todavía más necesario cuando se trata de referentes o líderes en determinados escenarios, pues su ejemplo es importante para transformar conductas o generar cambios.

Pero ojo, no se trata de hacer una autoevaluación en función de otros. La idea es que te puedas mirar a ti mismo, tal como eres, y que a partir de ese examen puedas extraer conclusiones valiosas y útiles para tu desempeño diario.

 

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La autoevaluación personal es propia de aquellos líderes que son verdaderamente consientes de su papel. Aceptan sus errores, se muestran como un miembro más de sus equipos de trabajo y se expresan a través de la humildad y la autocrítica.

 

 ¿En qué consiste un proceso de autoevaluación personal?

La pregunta que muchos líderes de empresas, proyectos o grupos se hacen con relativa frecuencia es cómo se realizar una autoevaluación personal.

Aunque vale la pena dejar claro que no existe una única manera de hacerlo, pues cada caso es particular y admite todo tipo de aportes y elementos, sí podemos mencionar un proceso genérico para ello, el cual consta de etapas como las que mencionamos ahora:

  1. Elaborar un autoconcepto de sí mismo:

Lo primero es determinar los conceptos con los que mejor te definas a ti mismo en función de categorías como: aspecto físico, relación con los otros, imagen que crees que transmites en tus semejantes, personalidad, rendimiento en tu labor diaria, manejo de emociones y funcionamiento mental. Se trata, en últimas, de un primer acercamiento al concepto que tienes de ti mismo.

  1. Lista de debilidades:

Retoma los conceptos del apartado anterior y escribe aquellos que constituyan una debilidad; es decir, obstáculos, defectos, excesos o carencias. Luego ponlas en un folio en blanco y haz dos columnas: en una escribe cada debilidad y en la otra, más amplia, descríbela en términos objetivos.

  1. Lista de cualidades:

Ahora haz lo mismo, pero con las cualidades. Descríbelas lo más neutral que puedas y piensa en la incidencia de cada una de ellas en tu carácter y desempeño diario. También puedes pensar en personas que admires y subrayar aquellas cualidades que admires en ellas. ¿Cuántas de esas las tienes tú también? Con seguridad son varias, lo cual te ayudará a reforzarlas.

  1. Nueva autoevaluación:

Teniendo en cuenta las dos descripciones anteriores, tanto la de las debilidades como la de las cualidades, el reto ahora es elaborar una nueva autoevaluación personal. No puede ser la misma que la del inicio; el objetivo de esta fase es que sea una descripción más precisa, objetiva y realista, y que tras ella tu imagen sea más completa. Muchas personas, incluso, descubren cualidades que ignoraban que tenían o redescubren otras que hacía rato habían perdido de vista. Esa será la nueva imagen con  que salgas al mundo.

 

El resultado de una autoevaluación personal señala tu nivel de autoestima: si es bajo, medio o elevado. En cualquier caso, recuerda que el objetivo último del proceso es redescubrir quién eres, adónde te diriges y qué aspiraciones tienes.

 

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