Cómo compatibilizar tu misión y visión personal y tu proyecto de vida con tu trabajo

¿Tienes claras cuáles son tu misión y visión en tu vida personal? ¿Y tus valores? ¿Crees que se corresponden con la filosofía de tu empresa? Tenemos la costumbre de diferenciar de forma muy acusada los asuntos que pertenecen a nuestra área personal y los que derivan del campo profesional. Sin embargo, nos esforzamos en separar nuestros valores personales de los profesionales y en realidad, son dos áreas de nuestra vida que se entrelazan e influyen entre ellas. De hecho, tus valores serán tu guía en tu trayectoria profesional.

Misión y visión personal: ¿por qué debo tener una?

Todos tenemos una definición propia de lo que consideramos el éxito. Es necesario saberlo para poder enfocar nuestro trabajo y para tomar las decisiones adecuadas que nos ayuden a alcanzar las metas (profesionales y vitales) que nos hemos propuesto.

La misión y visión personal son importantes para fortalecer nuestra concentración en los retos que son trascendentes para nosotros. De la misma manera, nos ayudarán a identificar las oportunidades que nos harán conseguir nuestras metas, hacerlas realidad.

Es muy importante que tengas bien claro cuál es la diferencia entre misión y visión, ya que muchas veces suelen confundirse:

  • Misión: se refiere a definir tu propósito, es decir, aquello que quieres lograr en la vida, expresado de forma concreta y específica.
  • Visión: es una parte más emocional, ya que debes definir tus valores y de qué manera los aplicarás para cumplir tu misión.

Como todo en la vida, tus metas y objetivos son propensos a cambiar; asegúrate de actualizar tu misión y visión personal tanto como lo necesites.

 

 

Tus valores personales, tu guía profesional

Los valores son el otro aspecto fundamental a la hora de compatibilizar nuestra filosofía personal con la laboral. Los valores son nuestra guía en todas nuestras acciones y cuando formamos parte de una empresa, no sólo hemos de conservarlos, sino que también podemos transmitirlos a los que nos rodean a través de nuestro comportamiento y reflejarlos a nuestros colaboradores, jefes, clientes, proveedores, etc.

De la misma manera que nuestros valores personales conforman nuestra forma de ser, los valores organizacionales construyen la identidad de la empresa y forman la médula de la cultura corporativa. De hecho, las empresas, a la hora de entrevistar a posibles candidatos, averiguan qué valores tiene como personas para saber si son compatibles con los de la organización. Esto se vuelve fundamental  ya que una manera muy significativa de transmitir los valores de una empresa hacia afuera, es a través del comportamiento de sus empleados y de mostrar que existe congruencia en el pensar, decir y actuar de sus dirigentes y empleados.

La alineación de los valores de la empresa con los valores personales es un punto fundamental para el éxito de cualquier organización. Los valores organizacionales deben guiar el comportamiento de los empleados. Una manera sencilla de lograr que los empleados adopten valores organizacionales es a través del líder o dirigente de la empresa, por medio de una comunicación clara, estructurada y simple de lo que se quiere lograr:

  • Mostrando el camino a seguir: cómo hacerlo y el resultado que se obtiene cuando se logra, es decir,  predicar con el ejemplo.
  • Cambiando y creando las nuevas políticas: leyes o normas sobre las cuales se desenvuelve una organización, el código de ética que muestre los valores de la empresa.
  • Capacitando a los empleados y promoviendo los valores organizacionales: todo el personal debe conocer los valores que se promulgan en la empresa para lo cual pueden utilizarse campañas de divulgación para que los empleados adopten los valores.

Los valores personales son la guía de cada individuo para desenvolverse en la sociedad y los valores organizacionales son la cultura de la empresa. El contar con la habilidad para tomar decisiones cuando los valores de la empresa deben cambiar y el tener el conocimiento que se requiere para resolver conflictos de valores entre los miembros de la organización, son sin duda elementos esenciales para el crecimiento continuo y para el éxito.

 

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