Ecoeficiencia, una nueva forma de desarrollo empresarial

ecoeficiencia

En el año 1992, durante el Consejo Empresarial Mundial para el Desarrollo Sostenible al que asistieron importantes representantes del sector en todo el mundo, se acuñó un nuevo término que a la postre acabaría por abrir una nueva vía para entender la labor empresarial del siglo XXI: la ecoeficiencia.

En realidad no era del todo nuevo, sino más bien algo que se había concebido desde principios de los años 80 y que pretendía plantear una alternativa al modelo industrial tradicional, basado en el consumo masivo y la elaboración de productos a gran escala.

Su objetivo no era otro que señalar la necesidad de armonizar dos conceptos que en principio parecían opuestos: el desarrollo empresarial y el cuidado de los entornos y del medioambiente en general.

O dicho de otra manera: disminuir el uso de recursos naturales sin que esto suponga  un riesgo para la productividad y la labor de las empresas. En España, a las que ya lo han hecho, pertenecen al denominado grupo de empresas verdes.

 

Ecoeficiencia, ¿empresas tradicionales o nuevas?

Existen dos formas de aplicar los principios de la ecoeficiencia en las organizaciones: adoptando un cambio en la cultura corporativa o definiendo acciones puntuales para promover dichos principios. Elegir una u otra dependerá sobre todo de la naturaleza de cada empresa y de su grado de compromiso medioambiental.

Por supuesto, las organizaciones que hayan aparecido en las primeras décadas del siglo XXI o incluso a finales de los años 90 lo tendrán mucho más fácil, pues el compromiso medioambiental será consustancial a su labor.

Más complicado lo tienen aquellas que provienen de modelos tradicionales y que deben adaptar toda su filosofía corporativa a los principios de la ecoeficiencia. Las normas de la familia ISO son una buena herramienta para dicho proceso.

 

Herramientas administrativas para aplicar la ecoeficiencia

Sea como sea, lo cierto es que el compromiso medioambiental es uno de los elementos más importantes de la acción empresarial actual. Las organizaciones disponen de una serie de herramientas para cumplir con los principios de la ecoeficiencia y adaptarlos a sus procesos internos. ¿De qué herramientas hablamos?

  • Enfoque de ciclo de vida de los productos. También llamado (ACV), es un método a través del cual podemos medir el impacto de los productos en cada una de sus etapas de diseño y fabricación.
  • Estándares regionales, nacionales o internacionales. Entre ellos se encuentran las normas de la familia ISO enfocadas concretamente en esta área (ISO 14001) o el EMAS en Europa. Además de establecer criterios mínimos para adoptar los principios de la ecoeficiencia, ayudan a las organizaciones durante el  proceso de implementación.
  • Sistemas de Gestión Ambiental. Una buena forma de aplicar los principios de la ecoeficiencia es a través de sistemas de Gestión Ambiental que permitan medir el impacto de la actividad empresarial en el entorno.
  • Control de costes ambientales ocultos. La contabilidad es un buen aliado para detectar aquellos gastos  que se derivan de acciones poco responsables con el medioambiente. Por ejemplo, las fugas de agua o energía eléctrica. Llevar un control de los mismos nos ayuda a implementar soluciones para minimizarlos y adoptar prácticas más acordes con la ecoeficiencia.
  • Informes de impacto ambiental. En la medida de lo posible, al final de cada período las empresas deben presentar informes sobre su política ambiental en la que se reflejen logros, carencias y dificultades.

 

La ecoeficiencia es un concepto que ya está en marcha. No tardes en implementarla en tu organización. ¡Empieza ahora y serás testigo de sus beneficios!

 

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