Se suele mencionar la dirección de equipos de trabajo como una herramienta más de las que requieren los perfiles directivos actuales. Sin embargo, en la gran mayoría de las veces solo es eso, una mención, y nunca un análisis detallado de las claves sobre cómo liderar un equipo. Hoy queremos hacerlo en este post.

 

Cómo dirigir un equipo: por qué es importante

Las empresas han pasado de ser una masa uniforme de trabajadores que apenas se diferenciaban unos de otros para convertirse en espacios de interrelación en los que el factor humano es su máxima prioridad. Ha sido uno de los cambios más significativos  con respecto a los modelos de gestión tradicional.

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Este cambio ha exigido, entre otras cosas, nuevas habilidades para los responsables del liderazgo empresarial, entre ellas la empatía, la comunicación eficaz, la capacidad de transformación de su medio, la motivación, la gestión del talento, el reconocimiento de los logros alcanzados, entre muchas otras.

O dicho de otra manera: el contexto actual ha otorgado importancia a un elemento que siempre debió tenerla, pero del que sólo hasta hace poco hemos tomado conciencia: la gestión del factor humano, que nos lleva necesariamente a hallar fórmulas sobre cómo liderar un equipo de forma eficaz y potenciando las habilidades de sus miembros.

 

Siete estrategias para directivos: cómo liderar un equipo

Ante la pregunta de cómo liderar un equipo, lo primero que habría que mirar es el tipo de grupo al que te enfrentas como líder o cabeza visible de una organización. Es decir, quiénes lo integran, cuántos son, cuáles son sus objetivos, qué tienen en común, que roles asumen y cuáles son sus dinámicas internas.

Esta cuestión supone que cada caso es distinto y requiere decisiones y estilos propios de liderazgo. Implementar la estrategia más adecuada en cada situación puede ser la raíz para la consecución de buenos resultados.

No obstante, esto no implica que el liderazgo de equipos de trabajo sea algo excepcional ni que no podamos señalar estrategias transversales y aptas para implementarse en cualquier escenario. Repasemos algunas de ellas y su utilidad:

  1. Crear un clima altamente productivo:

¿Aspiras a ser un líder exitoso en un ambiente opresivo, autoritario, marcado por la injusticia y la desigualdad de trato a tus colaboradores? ¡No lo lograrás! Los grupos de trabajo contemporáneos no funcionan así; todo lo contrario, lo suyo es la participación, la libertad, la cooperación, la interacción directa y las decisiones conjuntas y consensuadas. A esto nos referimos cuando hablamos de un clima altamente productivo, pues solamente en condiciones de este tipo tus colaboradores estarán dispuestos a sacar lo mejor de sí y a articular esfuerzos para alcanzar objetivos comunes. ¿Qué tan lejos estás de ello?

  1. Predica con tu ejemplo:

Sé un referente para quienes te rodean. Poca legitimidad tendrán tus acciones si un día exiges algo y al siguiente incumples eso que has pedido a los miembros de tus equipos. Por ejemplo, no hables de participación, diversidad y decisiones conjuntas si al final impones tu autoridad y tu criterio. Sé coherente; no olvides que eres la cabeza visible de la empresa que lideras.

  1. Rota las funciones y los roles:

Una manera de motivar los equipos de trabajo es cambiando de vez en cuando los roles que sus miembros asumen. Ojo, no hablamos de que lo hagas cada semana o ni cada dos meses, pero sí que lo practiques en aquellos casos en que tu negocio empiece nuevos ciclos o ejercicios profesionales. La renovación es la mejor manera de aumentar el compromiso de tus colaboradores con el proyecto común y, de paso, un excelente recurso para descubrir determinados talentos en ciertas personas. ¿Hace cuánto no renuevas tus equipos?

  1. Gestiona los conflictos exteriorizándolos:

Lo peor que puedes hacer como líder de equipos es permitir que un conflicto se enquiste entre sus miembros. Una vez lo identifiques, haz que salga a flote y que sean sus propios protagonistas quienes hablen de ello. Todos los grupos tienen problemas, diferencias, dificultades y contrariedades; el asunto está en saber intervenir a tiempo, escuchar atentamente a cada una de las partes inmersas en una situación de este tipo y, finalmente, actuando con justicia y ponderación.

  1. Apuesta por una comunicación fiable:

Los líderes que hablan claro y abordan los asuntos de interés común de manera directa, son respetados y transmiten seguridad. La comunicación entre él y sus colaboradores debe ser auténtica y sin ambigüedades. Debes evitar lo artificial que muchas veces supone la labor de liderazgo. Esto no sólo aplica para todos los mensajes que tú emitas en nombre propio, sino también para aquellos que de alguna u otra forma determinen el rendimiento de tus equipos de trabajo. Busca, además, los canales más indicados para cada caso.

  1. Fija metas periódicas:

Los objetivos trazados cada cierto tiempo son referencias para la acción de tus equipos de trabajo. Tanto si son diarios, semanales o mensuales, lo importante es que cumplan con la doble función que les corresponde: aumentar el nivel de motivación de tus colaboradores y potenciar su compromiso con el proyecto del que forman parte. Las metas periódicas, además, son un buen recurso contra la rutina y el tedio que muchas veces se enquista en los equipos de trabajo, y que por tanto impide que se alcance el máximo rendimiento.

  1. Establece contacto directo con cada miembro del equipo:

Así como es fundamental que tengas un trato cercano con tu grupo de trabajo en su conjunto, también lo es que de vez en cuando personalices dicha relación escuchando a cada uno de tus colaboradores. Lo ideal es que lo hagas de manera formal, aunque también puedes ensayar vías informales y menos previsibles, sobre todo si lo que quieres es que tus colaboradores se muestren espontáneos, abiertos al diálogo y logres empatizar con ellos. Cuando optes por este recurso, recuerda que una de las funciones esenciales del líder es transformar a quienes le rodean y potenciar sus habilidades y fortalezas.

 

Otra estrategia que puedes implementar ante la duda de cómo liderar un equipo, es reconocer el trabajo de tus colaboradores e incluso establecer un sistema de incentivos que les haga ver lo importantes que son sus contribuciones. Además de ser un impulso moral, ayuda a fortalecer las dinámicas de los grupos de trabajo.

 

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