Coaching educativo: el aliado perfecto para rendir al 100%

Claves para el éxito del coaching educativo

Nunca antes fue tan relevante aprender a reinventarse, sacar el máximo partido a las capacidades personales y conocerse mejor. Por suerte, el coaching ha llegado para quedarse y ayudar a directivos, empresas y organizaciones de todo tipo a obtener mejores resultados y beneficios. De hecho, un estudio de la firma PricewaterhouseCoopers afirma que las compañías estiman en un 70% el retorno de la inversión en coaching. Por eso, su aplicación al ámbito educativo es un imperativo para aquellos directivos escolares que busquen la excelencia personal y profesional.

El coaching educativo no es solamente una herramienta para mejorar el sistema educativo y combatir el fracaso escolar, sino también para preparar a los profesionales de la educación a empatizar con sus equipos, mejorar su liderazgo en el aula y aportar nuevas ideas y soluciones a la diversidad cultural del alumnado. Supone un cambio de perspectiva y una transformación del aula tradicional, en la que el alumno gana protagonismo -se invierten los roles-, fomentando su autoestima y autonomía y mejorando su rendimiento escolar. Para ello, en este ámbito es necesario la implicación de tres actores: profesorado – equipo directivo, alumnado y familias.

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Es innegable que la figura del docente como mero transmisor de conocimientos y de información está obsoleta. Ya no es suficiente con enseñar, también es clave empatizar, motivar y fomentar la confianza del alumnado en sí mismo y en sus potenciales. Pero, ¿qué beneficios se obtiene con la puesta en práctica del coaching educativo? Repasamos sus principales características y ventajas.

  1. Docente y coach educativo. Frente al primero, el segundo no da órdenes e inculca el aprendizaje como una obligación sino que motiva, crea opciones, empodera y ofrece espacios de responsabilidad a sus alumnos. Para ello es imprescindible que el coach educativo observe, escuche de forma activa y tome conciencia de lo que sucede a su alrededor.
  2. Una forma distinta de aprender. Esta disciplina no pone su acento únicamente en el aprendizaje, sino en el potencial de cada uno de los alumnos. Se trata de empatizar, de poner a trabajar los mecanismos necesarios para encontrar el potencial de cada uno de ellos -al igual que en las empresas se detecta el talento- para mantenerlo a lo largo del tiempo.
  3. Retroalimentación. Uno de los principales ingredientes para que el coaching educativo funcione es el feedback. No basta con fijarse un objetivo útil, realista y medible; además, tendrá que ser compartido por el total de los alumnos. En este sentido, la comunicación y la transparencia son imprescindibles para que el alumnado gane conciencia e implicación y el profesorado obtenga una visión lo más detallada posible de la evolución de sus pupilos. El coach educativo tendrá que asegurarse de que el grupo ha entendido y asimilado el objetivo que tienen en común.
  4. Responsabilidad personal y autoestima. Al igual que sucede en el entorno empresarial, cuanto mayor margen de libertad y mayor participación tenga el alumnado en la toma de decisiones, mayor rendimiento se obtendrá. Educar en conciencia es vital y para ello, el coach debe transmitir teoría y conocimientos a la par que ofrecer suficientes dosis de responsabilidad y autonomía personal a sus alumnos. Solo de esta manera, serán capaces de afrontar, asumir y plantear posibles soluciones a sus problemas.

 

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