Matriz de Mckinsey: la clave para la planificación estratégica

Cualquier empresa que quiera avanzar ha de pensar a largo plazo y realizar un análisis periódico de su cartera de negocios. El objetivo no es otro que estudiar la evolución que tendrán los productos desde el punto de vista de la rentabilidad y la aceptación de los clientes. De esta manera, pueden preverse posibles pérdidas económicas o acumulaciones de stocks, por ejemplo.

Una de las herramientas más utilizadas para llevar a cabo esta tarea es la Matriz de Mckinsey. Aunque hace más de 30 años que se comenzó a utilizar, sigue estando en plena vigencia. Por eso, te contamos las claves de esta Matriz para que la incluyas en tu planificación estratégica.

 

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¿Qué es la Matriz de Mckinsey?

La Matriz de Mckinsey también se conoce como la Pantalla de Negocios de General Electric debido a que fue creada por la consultora estratégica Mckinsey para que la misma General Electric pudiera configurar su cartera de negocios.

La Matriz de Mckinsey busca posicionar los negocios de acuerdo a dos criterios:

  • El atractivo a largo plazo del mercado en el que el negocio opera, que puede ser identificado a través del análisis PEST-EL y el modelo de las 5 fuerzas de Porter.
  • La fuerza competitiva de esa unidad estratégica de análisis en el mercado que puede ser concretada mediante un análisis de la competencia.

De esta manera, se determina el tamaño del mercado y la participación en el mercado. Esta matriz se convierte en una guía estratégica para saber el posicionamiento que tiene una unidad de negocio y ayuda a tomar decisiones acerca de si potenciar o no la inversión en la unidad estratégica de análisis, invertir de manera selectiva en ella o abandonarla.

mckinsey

¿Qué variables se tienen en cuentan con la Matriz de Mckinsey?

Para analizar la posición competitiva de la empresa, se tiene en cuenta un conjunto de variables que se corresponden con  los factores de éxito de la actividad, como pueden ser:

  • Cuota relativa de mercado.
  • Calidad e imagen del producto o servicio.
  • Amplitud de la gama de producto.
  • Tecnología.
  • Productividad.
  • Acceso favorable a los recursos.
  • Investigación y desarrollo.
  • Capacidad de innovación.
  • Estructura de coste.
  • Relación con la comunidad.

Respecto a la dimensión del atractivo del mercado, también se define según un conjunto de variables, tanto cualitativas como cuantitativas, como por ejemplo:

  • Tamaño del mercado.
  • Perspectiva de crecimiento.
  • Capacidad de expansión de los competidores.
  • Estabilidad de la demanda.
  • Disponibilidad de recursos.
  • Estructura del mercado.
  • Volatilidad del proceso y del producto.
  • Reglamentación.
  • Competencia internacional.
  • Globalización.
  • Grado de turbulencia del entorno.
  • Nivel medio de rentabilidad.
  • Nivel de riesgo.

Después de identificar las variables encargadas de representar la posición competitiva de la empresa así como el atractivo de éstas, se evalúan los impactos de las distintas variables sobre las respectivas dimensiones.

De esta manera, podremos distinguir el nivel de inversión que habrá que hacer. Así, los negocios con un mayor crecimiento potencial, más fuertes y situados en sectores más atractivos son aquellos en los que más se debe invertir para crecer rápidamente. Aquellos más débiles y en mercados menos atractivos deben ser eliminados o desinvertir en ellos de manera progresiva. Aquellos con una fuerza y un atractivo medio nos llevan a invertir de manera selectiva.

 

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