Coaching por valores, otra forma de alinear tus objetivos

coaching por valores

¿Te has preguntado alguna vez de dónde nacen tus objetivos? Es más, ¿podrías definir aquello que te mueve a optar por esos objetivos y no por otros?

Estas dos preguntan forman parte de la matriz del Coaching por Valores, un concepto que ha empezado a irrumpir con fuerza en el campo empresarial durante los últimos años. De hecho, ya se le cataloga como una de las modalidades de coaching que más interés despierta en los profesionales.

Ideado por el teórico y especialista en gestión y dirección Simón Dolan, se trata de una novedosa propuesta que abre nuevas líneas de acción para el coaching tradicional, en este caso centrándose en la relación entre valores y objetivos.

El coaching, en cualquiera de sus modalidades, es un buen recurso para clarificar los objetivos personales o grupales. En este caso, Dolan plantea relacionar tales objetivos con los valores estructurales de las personas; en otras palabras, una nueva forma de vincular la concepción con la acción.

 

¿Cómo actúa el Coaching por Valores?

Esta modalidad de coaching parte del estudio de los valores como aspecto esencial en el desarrollo de las personas. Son aquellos elementos que guían la acción y que, en varios momentos, incluso la determinan. Los objetivos de largo alcance suelen estar respaldados por valores sólidos.

Sin embargo, vayamos por partes. Con base en lo anterior, conviene detallar ahora los propósitos que guían la acción de este tipo de coaching:

  • Concordancia entre la visión de la realidad y la realidad misma.
  • Alienación de valores y objetivos.
  • Alcanzar una vida (personal o laboral) con sentido y felicidad.
  • Suprimir o reconvertir los antivalores.
  • Analizar las creencias y normas derivadas de nuestros valores.
  • Canalizar nuestros sentimientos y actitudes.

 

Los tipos de valores, características y origen

Según Dolan, el análisis de los valores que guían nuestras acciones y objetivos debe hacerse en función de tres categorías básicas:

a) Económicos-pragmáticos:

Estos valores son los que predominan a la hora de evaluar a cualquier persona u objeto con los que entremos en contacto. Por ejemplo, nos indican cómo asignar un mérito, un precio o un determinado interés a las cosas, el cual no es necesariamente económico. Podemos valorar la utilidad de un proyecto, su creatividad o su nivel de incidencia en el contexto en el que se desarrolle.

b) Ético-sociales:

Son los que se relacionan con la preocupación que tenemos por las personas de nuestro entorno y por el propio entorno. Esto puede hacerse efectivo tanto en el plano personal como en el profesional o laboral. El asunto es que tal preocupación exista y se traduzca, primero, en objetivos, y segundo, en acciones concretas. Son los valores que, entre otras cosas, nos salvaguardan del individualismo y la escasa cooperación.

c) Emocionales-evolutivos:

En esta última categoría se incluyen los valores que tiene que ver con la satisfacción personal. Son los que sustentan las motivaciones y las pasiones de cada individuo, y como tal varían de una persona a otra. Al estar vinculados al elemento emotivo, son los encargados de mover a los sujetos hacia la acción.

 

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ERD Marzo 2016

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