El liderazgo empresarial debe asentarse en unos cimientos bien sólidos, sobre los que sea posible construir un camino estratégico firme y resistente. Si encabezas un proyecto, un negocio o un equipo de trabajo, has de asegurarte que los pilares de tu liderazgo estén bien asentados y asumidos, sino corres el riesgo de ver cómo el edificio que has construido se tambalea.

 

El liderazgo empresarial, cuestión de valores

Según apunta la coach ejecutiva, Marta Williams, el liderazgo se fundamenta en un valor por encima de todos: la credibilidad. Williams explica que es necesario que se sustente sobre seis piezas básicas. Toma nota:

  1. Ética: entendida como la responsabilidad de cumplir con lo que se promete y ser coherente con ello. Es uno de los valores más delicados, ya que muchos líderes tienden a olvidarlo. La ética tiene como cualidades inherentes la justicia, la integridad, la confianza y la humildad.
  2. Capacidad: tener “capacidad” implica poder dar resultados medibles. Un líder sin resultados, no será respetado y al cabo de un tiempo será sustituido por otro. Williams apunta que “un líder con capacidad siempre puede hacer lo que dice que va a hacer”, además con eficacia y resolución. Algunas de las cualidades que debe reunir el líder capaz son talento, productividad, habilidad y sobre todo, inteligencia.
  3. Valor: ha de enfrentarse a las decisiones y situaciones complicadas, demostrar capacidad de decisión y admitir sus errores. Ha de tener agallas para aceptar las críticas y modificar aquellas conductas que producen malos resultados.
  4. Consideración: la relación con el equipo de trabajo ha de ser de respeto y empatía. Todo esto se consigue adquiriendo una actitud de escucha, es decir, dedicando tiempo a los demás, atendiendo sus peticiones y valorando sus opiniones. Además, se ha de ser accesible y mostrar un compromiso con el desarrollo y crecimiento de los colaboradores.
  5. Serenidad: especialmente en momentos difíciles o ante contratiempos. Hay que saber mantener la calma, controlar las emociones y ser estable. De nada sirve perder los nervios.
  6. Convicción: el buen líder ha de creer en lo que hace. Compromiso, entrega, confianza, son todas las aptitudes que se generan cuando existe convicción. Si el líder no está convencido, ¿cómo puede estarlo su equipo? Ha de inspirarles a seguir su misma dirección.

Cuida tu planteamiento estratégico para alcanzar un liderazgo exitoso

Si reúnes todas las aptitudes que hemos mencionado, tienes capacidad suficiente para que tu liderazgo sea exitoso. Sin embargo, aún te quedan cuatro rasgos estratégicos más que deberás tener muy en cuenta para acabar de perfilarte como el mejor:

7. Visión estratégica y adaptación: sin duda, sin una visión estratégica no se llegará a ninguna parte. Es fundamental tenerla bien clara para que pueda aportar valor al cliente. Además, los expertos en liderazgo empresarial recomiendan tener en cuenta los peligros que amenazan la estrategia que se esté siguiendo y reconocer el momento clave para reorientarla.
8. Valores estratégicos: los valores han de estar alineados con la estrategia y suelen ser constantes y duraderos. La visión suele evolucionar y adaptarse a los nuevos tiempos y diferentes estilos de liderazgo.
9. Inversión en talento: se debe motivar y dar la oportunidad de desarrollarse a aquellos jóvenes profesionales que demuestren talento e implicación y cuyo trabajo sea brillante.
10. Ejecución disciplinada e implacable: la manera de dirigir el proyecto ha de ser impecable y se ha de tener en cuenta el desarrollo profesional de los empleados, la asignación de los recursos, los resultados, la posición de la compañía en el ámbito global…

La motivación, el pilar 11 del liderazgo empresarial

Teniendo en cuenta la evolución de los modelos de empresa y de gestión de proyectos, ahora mismo existe un elemento que no podemos dejar de lado si queremos tener éxito en la labor empresarial: la motivación de nuestros equipos.

Muchos profesionales del sector lo sitúan incluso por encima de otros elementos como la organización, la convicción y la planificación.

Es decir, consideran que sin una motivación adecuada ninguna de las acciones que forman parte del proceso puede llevarse a cabo de forma exitosa, pues se trata de un factor que atraviesa la médula de cualquier proyecto de empresa.

La motivación es tan importante al inicio como durante la ejecución de las tareas. La dirección debe encargarse de que se mantenga vigente y que, pese a los múltiples obstáculos que puedan surgir en el camino, el nivel de implicación del grupo de colaboradores no disminuya ni resulte afectado.

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