Innovar como camino: las nuevas herramientas de los directores

Los directores de empresas no sólo gestionan y administran. Su papel también consiste en proyectarse hacia sitios o terrenos que otros no hayan pisado. Esta característica es lo que se conoce como innovación empresarial.

Pero la innovación no nace de la noche a la mañana. Por el contrario, requiere de una serie de conocimientos que se deben desarrollar en el día a día de las labores directivas.

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Antes de plantearse la innovación como ruta, todo directivo debe tener en cuenta varios factores que pertenecen a la esfera interna de la organización que tiene bajo su mando. Algunos de los más importantes son:

  • Conocimiento de los objetivos de la empresa. Es, quizá, el más importante de estos elementos, pues define las estrategias de innovación a seguir. Si no se tiene claro lo que se busca, la innovación será tarea imposible.
  • Conocimiento de los procesos que tienen lugar en su organización. Si el directivo no sabe lo que pasa en la compañía que dirige, difícilmente sabrá cuáles son los métodos de innovación a emplear. En este apartado entra no sólo la fase productiva, sino también los modelos de comunicación e información entre las distintas partes que conforman la organización.
  • Conocimiento de los recursos. Es decir, aquellos elementos técnicos y humanos que hacen posible la labor de la compañía. A veces la innovación puede ser sólo técnica, como cuando se aplican mejoras a la maquinaria en aras de mejorar la calidad de un producto. En otras ocasiones, la innovación también se inicia desde los procesos del departamento de Recursos Humanos.

 

 

 

Métodos de innovación. ¿Cómo abrir nuevos caminos?

Adicionalmente, el directivo debe alternar esa mirada interna con otra de tipo externa, es decir, que mantenga la atención puesta en todo lo que sucede en el mercado desde el que opera: competidores, precios, estrategias de venta, nuevos productos, hábitos de consumo, entre otros elementos.

Gracias a los avances tecnológicos y la inmediatez de la información, esta labor se ha hecho mucho más sencilla. Sin embargo, también ha planteado un nuevo reto para las compañías: la innovación ya no sólo es un recurso, sino una necesidad.

En este sentido, la innovación directiva debe ir orientada a cuatro estrategias básicas para la proyección de la marca en otras áreas:

1. Emprendimiento:

Es la actitud directiva por excelencia: sin ella no hay resultados. En general, habla de la capacidad de los responsables de una compañía por adaptarse a los condicionantes del entorno y adoptar una actitud de transformación constante. Emprendimiento es acción, movilidad, estrategias, planes y nuevos caminos.

2. Apertura:

No existe la innovación sin modelos de gestión que abran las puertas de la empresa hacia otros mercados. Esto permite una mejora en la competitividad. El directivo debe ser capaz de ver todo lo que sucede en su entorno.

3. Internacionalización:

Realizada la apertura, el siguiente paso es dirigir la vista hacia un escenario cada vez más amplio: los paradigmas internacionales. La innovación también se nutre de ideas que puedan haber surgido en otros mercados y latitudes. La clave está en saber extraer lo más importantes de ellas y adaptarlas.

4. Responsabilidad social:

No se trata, sin embargo, de innovar porque sí. Cualquier estrategia en este sentido debe tener claro que la compañía pertenece a un entorno que se rige por determinadas normas. La innovación debe estar dentro de esos márgenes, como la conservación del medio ambiente, el respeto por los derechos del consumidor, entre otros.

 

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