Donación de vacaciones, ¿moda o incentivo para retener el talento?

Una reciente reforma legal de 9 de mayo de 2014 ha permitido que, en Francia, empleados de una fábrica de cristales hayan podido regalar 350 días de vacaciones a un compañero para el cuidado de su hija enferma de cáncer. Esta mismo gesto altruista sería, hoy por hoy, más que discutible en nuestro país al amparo de la normativa española.

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Concretamente, los empleados españoles tiene como única opción -en casos similares en los que se necesite disfrutar de días para el cuidado de un menor enfermo- de una reducción de jornada o excedencia sin derecho a percibir salario alguno. Hasta el momento, la legislación contempla que el derecho a tener vacaciones es irrenunciable y no puede ser sustituído por una compensación económica. Por eso, la nueva alternativa legal del país galo, conocida como “Ley Mathys”, se sitúa como un balón de oxígeno para los departamentos de Recursos Humanos, que ven en ella un mecanismo para “conectar” con los colaboradores, con sus sentimientos y necesidades dentro y fuera de la oficina y por ende, de atraer y retener el talento.

Esta ola de solidaridad encuentra su origen en una empresa gala que recurrió a tal solución en el año 2009. A ella se han unido otras compañías, como el gigante de Internet Google. La ley contempla en estos casos que un empleado pueda ceder -de forma anónima y voluntaria- días de reposo a favor de otro empleado, sin recibir contraprestación por ello, para cuidar de un menor de veinte años con una enfermedad, discapacidad o en caso de accidente grave. Asimismo, durante todo ese periodo el beneficiario seguirá percibiendo su salario completo sin merma de sus derechos en cuanto a antigüedad en la compañía.

Hace poco, la política de vacaciones de Google también cobraba protagonismo por permitir que algunos empleados cedieran parte de sus vacaciones a otro compañero, en este caso, para el cuidado de su padre enfermo. El sistema implementado por el departamento de Recursos Humanos de la multinacional estadounidense contempla que si un Googler tiene una necesidad, otro pueda donarle parte de sus vacaciones. Si bien este sistema tiene sus límites y condiciones, es innegable que supone un signo de fortaleza y cohesión de los equipos. Asimismo, exige cierto grado de madurez y empatía por parte de las empresas: no todos los colaboradores cobran el mismo salario y esta apuesta puede conllevar pérdidas y dificultar el balance económico de la compañía.

Sea como fuere, el modelo de donación de vacaciones debe ser tenido en cuenta por las empresas como forma de reforzar el clima laboral y levantar la moral de los colaboradores ante situaciones críticas. Como consecuencia, este gesto no solo permitirá reforzar el papel del directivo sino que saldrá como resultado un equipo más cohesionado y comprometido con los valores de la empresa. En definitiva, aumentará el sentido de pertenencia. Así lo confirma un estudio de la consultora PwC, que afirma que al menos 1 de cada 5 mujeres y 1 de cada 7 hombres estaría dispuesto a renunciar a parte de su sueldo o a retrasar un ascenso si pudiera conseguir mayor flexibilidad para conciliar su vida familiar y laboral.

 

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