Las habilidades comunicativas son todas las capacidades que permiten la comunicación entre las personas. En el ámbito empresarial, se trata de un elemento de suma relevancia, pues de éste depende la eficacia y el éxito de los acuerdos o negociaciones que se quieran alcanzar con los demás.

Generalmente, las habilidades comunicativas se miden por el nivel de competencias y destrezas de una persona en referencia a un asunto en concreto.

Winston Churchill o Martin Luther King Jr. son dos de las personas con habilidades comunicativas más reconocidas de la historia. Sus capacidades les permitieron inspirar a otros a la acción, hacer que el proceso de comunicación fuese fluido, independientemente de las circunstancias, y fomentar nuevas formas de pensar.

Sus habilidades comunicativas fueron la razón por la que consiguieron conectar con su audiencia y crear un vínculo, logrando dar forma a un mensaje claro, a la vez que poderoso.

Desarrollar la empatía y aprender a centrar la atención en otras personas puede ayudar a convertirse en un mejor comunicador.

 

¿Qué son y cuáles son las habilidades comunicativas?

Dar feedback, hacer preguntas, generar confianza o resumir son algunas de las habilidades comunicativas mejor valoradas. Sin embargo, existen 4 de estas capacidades que resultan imprescindibles, tanto en el ámbito privado como en el profesional. Se trata de la escucha, la empatía, la comunicación no verbal y la claridad.

 

¿Cuáles son las cuatro habilidades comunicativas?

  1. Escucha. Ser un buen oyente es una de las mejores maneras de ser un buen comunicador. Comprensión y empatía mejoran con la escucha activa, que implica prestar mucha atención a lo que la otra persona está diciendo, hacer preguntas aclaratorias y reformular lo que la persona dice para garantizar la comprensión. La escucha, una de las habilidades comunicativas más importantes, permite responder de manera adecuada.
  2. Empatía. Incluso cuando no se está de acuerdo con el interlocutor, es importante tratar de comprenderle y respetar su punto de vista. Usar frases simples que reafirmen este propósito puede mejorar el clima general de la comunicación y asentar una atmósfera de respeto.
  3. Comunicación no verbal. El lenguaje corporal, el contacto visual, los gestos con las manos y el tono de voz enriquecen el mensaje que se intenta transmitir. Una postura relajada y abierta y un tono amable permiten resultar más accesible. En las habilidades comunicativas, el contacto visual también es importante ya que demuestra que se está centrado en la persona y la conversación.
  4. Claridad y concisión. Una buena comunicación verbal significa decir lo suficiente, de forma clara y directa. Pensar en lo que se quiere transmitir antes de empezar el discurso ayuda a evitar hablar en exceso y confundir al interlocutor.

 

¿Qué es tener habilidades comunicativas?

Tener buenas habilidades de comunicación tiene que ver con ser capaz de transmitir información a las personas de manera clara y simple, de forma que las cosas se entiendan y se hagan.

La comunicación sirve para transmitir y recibir mensajes con claridad. Gracias a las habilidades comunicativas es posible dar y comprender instrucciones, aprender cosas nuevas, realizar solicitudes, hacer preguntas y transmitir información con facilidad.

 

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Este tipo de capacidades también permiten adaptarse a situaciones nuevas y diferentes, leer el comportamiento de otras personas, comprometerse a llegar a un acuerdo, tener conversaciones difíciles con facilidad y evitar y resolver conflictos.

De hecho, la comunicación de calidad requiere de ser empático, y que sólo de este modo es posible entender cómo interpretarán los demás las propias palabras y comportamientos.

 

Créditos fotográficos: opolja

 

Habilidades comunicativas de recepción

Está claro que no todos los trabajadores tienen el mismo nivel de habilidades comunicativas, ni  pueden llegar a desarrollarlas todas al cien por cien. Esto dependerá, al margen de ciertos talentos innatos, de factores como la formación o el entrenamiento.

Para facilitar su estudio, se han dividido las habilidades comunicativas en dos grandes campos: las de emisión y las de recepción. Teniendo en cuenta esto, unas y otras pueden llegar a potenciarse a través de diferentes métodos. 

Las habilidades de recepción son las que se emplean cuando un sujeto asume el papel de receptor de un mensaje. Contrario a lo que afirmaban las teorías funcionalistas del siglo XX, no se trata de una postura pasiva, sino que implica la puesta en marcha de toda una serie de elementos a la hora de la recepción de un mensaje, como son:

Escucha activa

Escuchar no significa dejarse avasallar por el discurso del otro interlocutor. Hay que hacerlo de una manera activa. Esto significa adoptar una postura atenta, abierta, que le dé a entender al emisor que su mensaje es, en ese momento, lo más importante para el receptor. Esto aumentará la confianza y la fluidez de la acción comunicativa.

Empleo de gestos

Es recomendable que el receptor del mensaje emita diversos gestos para demostrar su interés en lo que está escuchando. Deben ser, en cualquier caso, gestos no muy notorios, como por ejemplo un movimiento de manos o un asentimiento con la cabeza, de modo que la otra persona no pierda el hilo de lo que está hablando.

Reforzar con palabras

En ciertas conversaciones es recomendable que la escucha se enfatice con palabras cortas, un «sí», un «entiendo» u otras similares, sin que lleguen a interferir demasiado en el curso del mensaje, para reforzar la idea de que se está prestando atención.

 

Habilidades comunicativas de emisión

Este tipo de habilidades son las que desarrolla la persona en situaciones en las que asume el papel de emisor de un mensaje. Esta clase de comunicación supone la participación de un segundo sujeto, el receptor, que es a quien va dirigido el mensaje y que, por tanto, condiciona las formas de emisión del mismo. Aquí damos algunos consejos para mejorar las habilidades de comunicación desde la emisión:

Transmitir un mensaje claro, coherente y sincero

Es imprescindible que el emisor sepa qué es lo que quiere decir, por qué y para qué. Es decir, debes exponer el mensaje a través de una argumentación eficaz y verosímil. Sólo así el receptor te tomará en serio.

Tener en cuenta a quién va dirigido el mensaje

Para una eficaz comunicación, el emisor debería saber, aunque sea mínimamente, las características del receptor: posición social, edad, profesión, etc. En caso de que sea su primera toma de contacto, será el contexto el que le proporcione las pautas para una comunicación eficaz. En la categoría de «contexto» entran factores como la cultura, los antecedentes, los intereses, etc.

Seleccionar el mejor canal para comunicarse

No todos los medios son buenos para la transmisión de determinados mensajes. Dependiendo de la intención, de las características del receptor y del contenido del mensaje, el emisor deberá seleccionar el que mejor vaya con la situación.

Cuidar el lenguaje no verbal

Si la situación es presencial, es recomendable que el emisor acompañe lo que dice con gestos de la cara, movimientos, posturas corporales, miradas, que refuercen, acentúen y complementen el discurso.

Desarrollo de la empatía

Tiene que ver con saber «leer» las situaciones y las motivaciones del interlocutor. Esto permitirá que el emisor dirija el discurso por las vías que crea más convenientes para lograr mayor eficacia en la transmisión de su mensaje.

 

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