Cómo afrontar la cuestión de la edad en la carrera profesional

La edad tiene un impacto muy interesante en las cuestiones relacionadas con el cambio de trabajo y con la búsqueda de empleo en general. Un profesional joven, con alrededor de 25 años, puede trabajar en casi cualquier sitio. Está dispuesto y es poco exigente con el puesto de trabajo porque casi cualquier puesto supone una acumulación de experiencia, que es lo que le interesa en ese momento más allá de las condiciones económicas o el prestigio profesional. Todo ello lo convierten, a la vista de las empresas, en un recurso más empleable.

Por el contrario, a medida que se va alcanzando la madurez profesional (a partir de los 40 años) hay que empezar a tener en cuenta que no todas las empresas están dispuestas a contratar a una persona de esta edad. Incluso en la propia empresa alguien puede estar pensando que una persona con diez años menos puede hacer el mismo trabajo a un coste menor. Es difícil de asumir, pero por desgracia se trata de un hecho. Esto hace que las opciones disminuyan. Habrá muchos puestos a los que no se pueda optar, a no ser que se rebajen las pretensiones y las expectativas.

Hay menos espacios sobre los que trabajar, lo que conlleva desarrollar una estrategia en la que se ponga de manifiesto el valor de la edad y en la que los esfuerzos se dirijan a empresas que no solo aprecien ese valor sino que tengan la capacidad de contratar a alguien con ese perfil. La estrategia es ir migrando hacia funciones donde se valore la experiencia, que tengan que ver con la toma de decisiones o la gestión de equipos de personas.

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Teniendo en cuenta la evolución demográfica de nuestra sociedad, que tiende hacia un envejecimiento de la población, y las políticas de pensiones que retrasan cada vez más la edad de jubilación, es de prever que las empresas cuenten cada vez más con profesionales maduros. Para que esto suceda, tienen que darse con anterioridad dos elementos. Por un lado, que cambien las actitudes con respecto al envejecimiento y se comience a valorar más la experiencia. La gestión de la edad tiene que empezar a formar parte de las políticas de recursos humanos. Por otro lado, que los profesionales maduros sean capaces de proporcionar a las empresas la flexibilidad que necesitan para que esa contratación se produzca.

Así, durante la mayor parte de la vida profesional, la edad jugará en contra. Cuando se es joven porque impedirá llegar rápidamente a promociones y trabajos de mayor responsabilidad. Cuando se alcanza la madurez, porque establecerá barreras al desarrollo profesional. Lo importante es entender qué tipos de barreras supone la edad para transformarlas en ventajas sin caer en la frustración ni en la falta de confianza de las capacidades propias. El autoempleo es en este sentido una opción interesante cuando se alcanza cierta edad. Se habrá acumulado gran experiencia y, lo que es más importante, una amplia red de contactos, que pueden utilizarse para comenzar a ofrecer servicios especializados por cuenta propia facilitando esa flexibilidad que las empresas demandan.

Fuente imagen: Flickr/University of Exeter         




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