El desarrollo activo del paypal casino online lleva a preguntas lógicas sobre los casinos en línea, ¿qué son y de dónde vienen en primer lugar? ¿Qué tan justo puede ser el juego en tales clubes? ¿Es legal y no es un pecado apostar a través de sitios virtuales? Las respuestas a estas preguntas pueden obtenerse de varias maneras: aprendiendo de la experiencia, o leyendo las reseñas, artículos de revisión y materiales adicionales. Una mezcla de los dos métodos funciona mejor, permitiendo que la teoría y la práctica se unan. Averiguando qué es un casino online, muchos creen que apareció al mismo tiempo que la web global estaba penetrando activamente en la vida de las personas. De hecho, los primeros clubes en línea no aparecieron inmediatamente, sino años después. Y el catalizador de este proceso fue la adopción de una ley especial en Antigua, que proporcionó una licencia para el despliegue de actividades de juego en línea. Al mismo tiempo, en 1994, aparecieron los primeros portales virtuales, que empezaron a promover una nueva generación de máquinas tragaperras.

¿Qué es un sujeto pasivo y qué implicaciones tiene?

Si eres autónomo o emprendedor por cuenta propia, seguro que en más de una ocasión te habrás preguntado el significado del sujeto pasivo en temas tributarios y de gestión empresarial. Pues bien, en este post vamos a responder a tu pregunta para que puedas aplicar dicho concepto en tu día a día.

Sujeto pasivo es la persona física (individuo) o jurídica (empresa o conglomerado) que está obligada a hacer frente a una serie de compromisos tributarios en los que ha incurrido. Es decir, es el que genera el cobro del impuesto.

En este sentido, asume el rol opuesto al del sujeto activo, que es quien exige el pago del tributo. Por ejemplo, en el caso del Impuesto sobre el valor añadido (IVA), el sujeto pasivo son los consumidores que adquieren un determinado producto en el mercado, mientras el sujeto activo es la Hacienda Pública.

 

 

 

Sujeto pasivo y contribuyente, ¿son lo mismo?

Sin embargo, conviene hacer una distinción entre el sujeto pasivo y el contribuyente, dos términos que si bien tienen varias cosas en común, no significan exactamente lo mismo en temas tributarios y de Hacienda.

La principal diferencia entre ambos conceptos radica en el carácter directo o indirecto del impuesto u obligación tributaria. Como vimos hace un momento, los consumidores son sujetos pasivos en el momento en que pagan impuestos por sus compras, aunque también lo pueden ser las empresas cuando asumen un rol parecido.

Pongamos un ejemplo para ilustrarlo mejor:

  • El consumidor A adquiere un producto en una tienda de ropa y paga un IVA del 21%, algo que le convierte en sujeto pasivo porque es él quien hace frente al pago de la obligación tributaria. En este caso, la tienda de ropa no es más que un mediador entre Hacienda y el consumidor.
  • Sin embargo, si quiere fabricar nuevos artículos como el que ha comprado el consumidor A, esta tienda debe adquirir las materias primas para ello. En ese proceso, también hace frente a la obligación tributaria del IVA del 21%, lo que le pone en el lugar de sujeto pasivo del proceso.

Todos somos sujetos pasivos de algún impuesto. En el caso del Impuesto sobre la Renta de las Personas Físicas (IRPF), no hay distinción entre sujeto pasivo y contribuyente.

 

¿Qué implicaciones supone ser sujeto pasivo?

Ser sujeto pasivo en términos tributarios supone, en primera medida, el pago de una obligación adquirida por una operación. Es decir, la contribución debe pasar a manos no de quien genera el hecho asociado al impuesto (la tienda que vende un producto), sino del sujeto activo, que es el que se beneficia de dicho pago.

Para que no haya lugar a confusiones, el cumplimiento de la obligación tributaria debe quedar registrado en una factura o documento sustitutivo, en el que, además, la cifra concreta del impuesto debe figurar aparte del importe de la operación comercial que ha generado el cobro del impuesto, por ejemplo el IVA.

La factura o documento sustitutivo debe expedirse en el momento de la transacción o compra. Si hubiese algún error en las cifras o las condiciones de la operación, siempre habrá lugar a una rectificación debidamente justificada y argumentada.

 

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