El contrato de prestación de servicios es uno de los más conocidos en el campo laboral y de Recursos Humanos. Refleja el acuerdo contraído por dos partes en el que una de ellas se compromete a ejecutar una labor específica según su experiencia, su capacidad y su formación en una materia o especialidad.

A cambio de esta labor, quien se beneficia está en la obligación de remunerar a la otra parte con una cuantía acordada previamente, y cuyo monto viene determinado por la experiencia del ejecutante sus conocimientos y las características de la labor a realizar.

Su característica principal es que lo que se intercambia no es ningún bien material o tangible, tal como ocurre en la gran mayoría de relaciones comerciales; por el contrario,  lo que se presta es un servicio o bien intangible.

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Otras consideraciones del contrato de prestación de servicios

La acción que se deriva del contrato de prestación de servicios está regulada por la legislación vigente en el momento de su firma. En el caso de España, por ejemplo, debe ceñirse a los parámetros establecidos en el Código Civil.

Para que este documento tenga validez, es importante que lo que se incluya en él tenga la aprobación de las dos partes. No puede ser, por tanto, unilateral; tanto sus efectos como sus responsabilidades deben ser bilaterales y proceder de un acuerdo previo.

Obviamente, la actividad por la que se adquieren compromisos a través del contrato de prestación de servicios es onerosa, es decir, que los servicios que se prestan deben ser retribuidos por la parte que se beneficia de ellos. Si sólo fuesen simbólicos o de otro tipo, estaríamos ante un contrato de otras características.

Contrato de prestación de servicios: componentes básicos

El contrato de prestación de servicios se puede establecer entre una persona física y otra jurídica, entre dos personas físicas o entre dos personas jurídicas.

Para algunas empresas, este modelo de contratación supone una alternativa a los tipos de contratos laborales más conocidos, como por ejemplo el indefinido o el temporal. Les ofrece la posibilidad de formalizar una relación con otro agente solo durante el tiempo en que éste preste el servicio acordado.

Si vas a redactar un contrato de prestación de servicios y no tienes claros sus diferentes componentes, toma nota de la lista que te ofrecemos a continuación:

  • Partes que reconocen lo acordado. Es importante que tanto el beneficiario como quien presta el servicio se identifiquen con datos reales y verídicos. Si son representantes de una empresa, tal condición debe quedar explícita.
  • Servicio prestado. Es el centro neurálgico del contrato. Aquí se detalla con la mayor precisión posible en qué consiste el servicio inmaterial.
  • Duración del servicio o plazo de ejecución. A continuación se establece el tiempo que tomará la prestación del servicio como tal. Debe quedar especificado si son días, semanas o meses. Sin embargo, las relaciones comerciales que se derivan de este tipo de contrato son por lo general a corto plazo.
  • Condiciones de la prestación del servicio. En el caso de que se presenten circunstancias o coyunturas que incidan en la prestación del servicio, el contrato debe recogerlas y especificarlas oportunamente.
  • Cláusulas. Por último, es importante fijar una serie de cláusulas que regulen la prestación del servicio, como por ejemplo las penalizaciones o multas en las que puedan incurrir las partes si incumplen sus respectivos compromisos.

Tres ventajas del contrato de prestación de servicios

El contrato de prestación de servicios, también llamado contrato mercantil, ofrece una serie de ventajas en relación con otras formas de contratación que predominan en el mercado laboral. ¿Te interesa conocerlas?

Para empezar, garantiza el ingreso de cantidades fijas, y no variables, de ingresos, algo que se valora especialmente cuando los beneficiarios son emprendedores o incluso empresas que apenas están incursionando en el mercado.

Una segunda ventaja de este tipo de relación contractual radica en que supone la satisfacción de una necesidad concreta por parte de quien contrata. Es decir, se elige a alguien para llevar a cabo una tarea concreta y solamente para ello; no exige que haya una relación más amplia o más compleja.

Finalmente, un tercer beneficio que se puede mencionar es el hecho de que el servicio que se va a ofrecer y las condiciones del mismo quedan estipulados desde el inicio de la relación en las cláusulas, algo que no siempre sucede con otras formas de contratación.