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Diferencia entre jefe y líder: cuestión de enfoque

Cuando queremos referirnos a la cabeza visible de los proyectos o las organizaciones, las primeras dos palabras que se nos ocurren son jefe y líder. No obstante, si tras ello miramos los dos términos con más atención, descubrimos que no necesariamente son sinónimos; al contrario, tienen diferencias significativas.

Para empezar, la palabra jefe proviene de un ambiente mucho más organizacional, es decir, con jerarquías establecidas. Su propia condición le confiere un rango mayor al de las personas de su entorno, que por lo general se expresa en funciones determinadas y relativas al poder y la autoridad.

En cambio, un líder no necesariamente tiene por qué ser la persona más visible de una organización. De hecho, no es obligatorio que ejerza dentro de un sistema como tal. La historia está llena de ejemplos de líderes de movimientos sociales o reivindicaciones que no pertenecían a sistemas o jerarquías establecidas.

El líder promueve cambios, motiva y acompaña a sus colaboradores sin necesidad de hacer visibles el poder o la autoridad. Los líderes no necesariamente son jefes, aunque lo ideal es que por sus capacidades ocupen dicho rango; a la vez, no todos los jefes tienen la capacidad de movilización de los líderes.

 

Pautas básicas para apreciar la diferencia entre jefe y líder

Todos los que tenemos experiencia profesionales hemos tenido jefes. Sin embargo, no todos ellos han sido líderes. Lo ideal es que las dos condiciones se encuentren, aunque no es un asunto tan sencillo. Veamos algunos conceptos a través de los cuales se aprecia la diferencia sustancial entre jefe y líder:

  • Gestión de conflictos:

Los jefes, que por lo general provienen de sistemas tradicionales de dirección, se encargan de señalar a los responsables cuando se presenta un fallo; su reacción más habitual es la búsqueda de responsables y la división de culpas. Un líder, en cambio, reorienta la situación sin señalar directamente a los culpables, a quienes, en todo caso, ayuda a levantarse para retornar al punto inicial.

  • Cercanía:

Los jefes ejercen un tipo de gestión basada en la delegación y en la supervisión sin que lleguen a involucrarse. Los líderes, por su parte, hacen una inmersión plena en el terreno y trabajan codo a codo con sus colaboradores.

  • Diálogo e interacción:

Por eso mismo, el buen líder interactúa constantemente con sus equipos de trabajo y pone en práctica la pedagogía, que es la mejor herramienta para la generación de cambios. En este caso, el jefe mantiene su distancia.

  • Tipo de modelo de gestión:

Los líderes son más aptos para sistemas de gestión abiertos y con jerarquías difusas. Su rango no interesa si no tiene efectos prácticos en las tareas que se desarrollen en ese momento. En cambio, los jefes funcionan mejor en sistemas cerrados, donde lo más importante son los resultados y el mantenimiento del orden.

  • Autoridad:

Este término ilustra la diferencia sustancial entre los dos conceptos: mientas al líder le parece una herramienta más de su labor, el jefe la entiende como un privilegio que le ha sido concedido y hace todo lo posible por remarcar esta condición.

  • Gestión del cambio:

Por último, los dos términos difieren en la manera en que inspiran los cambios en su entorno. El jefe lo hace apoyado en su autoridad y su criterio, que son razones suficientes para que los demás acojan sus órdenes. Por el contrario, el líder hace lo posible por ganarse la confianza de sus colaboradores y les trata de convencer con argumentos que en ningún caso destierran los de otros.

 

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