El balance entre trabajo y familia, ¿qué pasa si falla el equilibrio?

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En la actualidad, uno de los retos más comunes de los trabajadores es la búsqueda del equilibrio entre el campo laboral y las actividades familiares.

Sin embargo, no todos lo consiguen. La balanza suele inclinarse hacia el lado profesional, que en las últimas décadas ha ido ganando terreno a horarios y tiempos que antes eran exclusivos del entorno familiar y personal.

Una de las claves para que esto sea así se puede encontrar en la mayor competitividad de algunos campos del mercado y la empresa, los cuales exigen cada vez más atención a labores que antes no lo necesitaban. Además de ello, también es claro que las nuevas tecnologías han acelerado algunos procesos en los hábitos de trabajo.

En el extremo opuesto se encuentran aquellas situaciones familiares o personales que demandan más dedicación de la normal, desplazando de este modo las obligaciones laborales de la persona y convirtiendo dichas situaciones en su única preocupación.

Pero seamos más concretos: ¿qué pasa cuando el equilibrio entre trabajo y familia se fractura? ¿Qué consecuencias puede traer a un empleado?


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 La conciliación: tiempo para el trabajo y la familia

Tanta es la necesidad de encontrar un equilibrio entre estos dos aspectos de la vida, que en varios países se han ido implementado leyes para su conciliación.

Generalmente, estas normativas establecen marcos básicos de acción para que la persona no tenga dificultades a la hora de pasar de un ámbito a otro. Dentro de esta regulación se destacan aspectos como el número de horas laborales, la remuneración, los permisos, las bajas, las situaciones de emergencia, etc.

Algunas de las consecuencias más habituales, derivadas de la fractura entre trabajo y familia son:

Cuando hay un exceso de trabajo:

  • Altos niveles de estrés. La atención del trabajador está focalizada en una sola área.
  • Agotamiento, fatiga, desaliento.
  • Desinterés por otros asuntos de la vida diaria.
  • Frustración generalizada en los casos de los objetivos no alcanzados.
  • Problemas físicos derivados del exceso de horas trabajadas.

 Cuando hay un exceso de vida familiar:

  • Falta de atención a las obligaciones laborales.
  • Desinterés, dispersión, negligencia.
  • Traslado de asuntos de la esfera personal al clima laboral.
  • Escasos rendimiento y productividad.

 Consejos para conciliar el trabajo y la familia. ¿Tarea imposible?

1. Fijar prioridades: lo ideal es que la esfera privada y la esfera laboral tengan su propio espacio. Pero en aquellos casos en que coincidan, es necesario decidir cuál de las dos es más importante. No quiere decir esto que se descuide una para dedicarse a la otra, pero sí que, en determinadas circunstancias, el trabajador sea flexible y centre su atención en alguna de ellas.

2. Metas familiares: los objetivos laborales van unidos al desempeño de un trabajador en una empresa, pero no pasa lo mismo en el aspecto familiar, donde por lo general no hay rutas trazadas ni cronogramas fijos de actividades. Una buena opción  puede ser el establecimiento de actividades para realizar con la familia y asignarles días concretos.

3. Revisar el calendario laboral: pero las opciones de conciliación también pueden llegar desde el lado opuesto. El empleado puede, por ejemplo, revisar con antelación su cronograma de actividades en la empresa para no perjudicar las horas que dedica a su familia. Es cuestión de repartir la agenda.

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1 Comentario

  1. Guillermo
    30 diciembre, 2014

    buen tema. Sin trabajo no hay familia. Sin familia no vale la pena trabajar. Al menos que se quiera ser un ermitaño.

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