Mejorar los resultados gracias al liderazgo y el trabajo en equipo

Trabajo en equipo y liderazgo son dos conceptos que van de la mano. Tanto el primero como el segundo son fundamentales para la buena marcha de las empresas.

Hablar de liderazgo es referirse a la capacidad de orientar, direccionar e influenciar en un contexto determinado para la consecución de objetivos específicos. Liderar es tomar la riendas de algo, encabezar, apersonarse de una situación.

Sin embargo,  el liderazgo no puede entenderse sin la presencia de grupos de trabajo. El líder es aquella persona que destaca y se define en función de otros.

Existen tantos tipos de liderazgo como dinámicas de trabajo en equipo. El éxito de las empresas radica en saber combinar ambos conceptos: líderes precisos para cada equipo y, a la vez, equipos que puedan ser dirigidos por determinados líderes.

Si quieres empezar a aplicar el liderazgo transformacional, te enseñamos cómo en nuestra guía: ¿Qué es el liderazgo transformacional y cómo desarrollarlo dentro de tu empresa?

 

El líder y el equipo de trabajo. ¿Cómo se complementan?

Antes de emprender cualquier proceso, el líder debe tener en cuenta que dirigir a un determinado grupo de personas tiene algunas implicaciones:

  • Integrar diferencias. Por más homogéneos que en principio parezcan, los equipos de trabajo se caracterizan por presentar diferencias entre sus miembros, las cuales se hacen patentes en la personalidad, el carácter, los intereses o los roles.
  • Sinergia. Del mismo modo, es fundamental que el liderazgo direccione los intereses de cada miembro y los ponga al servicio de un objetivo más amplio. O dicho de otro modo: el todo es más que la suma de sus partes.
  • Generar resultados positivos. Quizá suene obvio, pero vale la pena subrayar que la labor del líder siempre debe promover mejoras y generar cambios positivos. Tras su intervención, los equipos de trabajo deben mostrar cierta evolución.

 

¿Qué debe tener un buen equipo de trabajo?

Del liderazgo depende, en gran parte, el buen desempeño de los equipos. Pero no es el único elemento que los define. Existen otras características que deben estar presentes en las dinámicas de conformación de cualquier grupo:

  • Comunicación: los mensajes deben ser concisos, claros y directos. Si existen roles o jerarquías establecidas entre los miembros, deben circular con facilidad y eficacia, bien sea en sentido ascendente o descendente.
  • Flexibilidad: los grupos más exitosos son aquellos en los que sus miembros poseen una alta capacidad para la flexibilidad y la adaptabilidad hacia el otro.
  • Confianza recíproca: trabajar en equipo es moverse entre pequeños pactos éticos y morales. La confianza debe prevalecer siempre. El grupo que no confíe en sí mismo está abocado a la ruptura y la desintegración.
  • Compromiso: es fundamental que cada miembro se sienta parte del equipo. O dicho en términos coloquiales: que cada uno se «ponga la camiseta».
  • Creatividad e innovación: se trata de un elemento indispensable en el momento de dar valor añadido a los proyectos. Los grupos deben innovar si quieren diferenciarse y obtener resultados verdaderamente positivos.
  • Optimismo: por más adversas que sean las situaciones, un buen grupo no renuncia a sus objetivos. Por el contrario, los refuerza de manera permanente.

 

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