¿Cómo fomentar los valores de una empresa entre los trabajadores?

valores de una empresa

Los valores de una empresa no son elementos estáticos, propios de los eslóganes o de los eventos corporativos. Son elementos que deben pasar a la práctica y ocupar un sitio predominante en el día a día de las organizaciones.

Las empresas siempre fomentan valores. Todo lo que se haga o se decida en el interior de las mismas tiene un valor simbólico tanto para quienes trabajan en ella como para los agentes externos con los que se relaciona.

Cuando la cultura organizacional está debidamente alineada, lo más habitual es que los valores que transmita una empresa coincidan con los de su plan de empresa. Es decir, cuando la teoría y la práctica discurren por el mismo camino.

 

¿Por qué es importante fomentar los valores de una empresa?

Los valores de una empresa sólo se fomentan si existe una estructura que promueva el diálogo y la interacción y un liderazgo sólido y comprometido. Son los dos requisitos esenciales para emprender dicha ruta.

Por lo general, las empresas que no fomentan sus valores institucionales carecen de identidad y los indicadores de compromiso y motivación de sus colaboradores son mínimos. De hecho, el lugar que deberían ocupar dichos valores es acaparado por antivalores o prácticas contrarias.

Las empresas con valores firmes son más sólidas, cohesionadas y, sobre todo, logran algo que resulta fundamental para su buen funcionamiento: la identificación de sus trabajadores con dichos valores.

Cuando el trabajo, la mejora continua, la excelencia personal, el diálogo, el aprendizaje o la proactividad forman parte del día a día de la empresa, los niveles de productividad serán más altos y el rendimiento de los equipos más eficaces. En este punto radica la importancia de fomentar los valores adecuados y de hacer de ellos algo permanente.

 

Fomentar los valores de una empresa: algunas estrategias

Ahora bien, la pregunta es cómo hacerlo. Antes hemos dado algunas pistas sobre el papel que debe asumir la dirección en todo este proceso, pero conviene puntualizarlo.

a) Traducirlos a pensamientos, ideas y prácticas:

Los valores suelen ser conceptos abstractos, lo cual dificulta su asimilación. Una clave para ello está en hacerlos visibles a través de prácticas, pensamientos o ideas concretas. Es decir, que encuentren un sitio en el día a día de la empresa. 

b) Ser un referente a seguir:

Si el propósito de un directivo es fomentar los valores entre sus colaboradores, debe empezar por dar ejemplo. O lo que es lo mismo, evitar aquellas prácticas que puedan ir en contra de lo que se propone.

c) Incluirlos en el plan de comunicación:

Otro elemento indispensable para que los valores sean acogidos por los equipos de trabajo pasa por incluirlos en el plan de comunicación corporativa, que es el que recoge todas las acciones de la empresa en este terreno. De este modo, la dirección tendrá la seguridad de que en cada estrategia, proyecto o iniciativa se estarán promoviendo dichos valores.

d) Reconocer a quienes practiquen estos valores:

Por último, también conviene reconocer de vez en cuando a los trabajadores que se destaquen por poner en práctica los valores organizacionales. Esto tendrá un doble efecto: por un lado, se hará saber a estas personas que desde la dirección se valora su actitud; por otro, se enviará un mensaje al resto de trabajadores para que se animen a imitarles. Lo que sí debe evitarse en cualquier caso son los métodos impositivos o coercitivos.

 

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